martes, 23 de febrero de 2010

EN MANOS DEL ALFARERO.

"Como el barro en las manos del alfarero, así eres tú en mis manos"   (Jr.18:6)

He aquí que Dios nos lleva a tiempos de triunfo en los que se manifiesta como el Dios Todopoderoso, tiempos como el de David cuando venció a Goliat, pero también nos lleva a tiempos difíciles de profunda tribulación, de quebranto, de enfermedad,  porque quiere moldearnos.  De la misma forma que el alfarero trabaja el barro, así también Dios trabaja nuestro carácter a través del sufrimiento, pero no debemos olvidar que en medio de las dificultades Él nos da FE. No olvidemos que los tiempos difíciles son tiempos de enseñanza, y el apóstol Pablo nos exhorta a gozarnos en medio de las dificultades porque es ahí en donde nuestra FE crece, con el dolor y con la victoria.

El alfarero era un artesano que elaboraba utensilios de barro, algunos eran para uso en las casas y mientras que otros se usaban en el templo. La vasija representa la obra de Dios en nosotros. Somos vasijas frágiles en las manos de Dios. Según Romanos 9:20-24 Existen 4 tipos de vasos según su uso: VASOS PARA DESHONRA  y VASOS PARA HONRA;  VASOS DE IRA preparados para destrucción y VASOS DE MISERICORDIA creados para hacer notorias las riquezas de la gloria de Dios. Él quiere que seamos vasos de honra, vasos de misericordia, vasos escogidos por Dios y vasos limpios por la sangre del Cordero.
 
Como cristianos que somos y a medida que avanza el tiempo y somos moldeados por el Señor, sabemos que llegarán momentos en que el obrar de Dios podrá hacernos pasar por situaciones en que sentiremos la sequía como parte del proceso. Situaciones en las que tendremos la sensación de que nos estamos desintegrando en las manos del Señor, que nos estamos secando.  Pero el resultado de este proceso  peregrinando en la FE del evangelio es sentir que el corazón se inunda de ríos de agua viva y de la presencia revitalizadora del Espíritu de Dios que nos capacita para testificar después de la prueba que Jesucristo es el Señor en medio de cualquier circunstancia por la que atravezamos. Por eso, somos nosotros los que tenemos que rendirnos en sus manos, rendirnos a su voluntad., así como nuestra voluntad juega un papel vital en lo que pueda hacer Dios con nosotros.
 
Como barro en las manos del alfarero tenemos que pagar un precio. Ese precio requiere de tiempo. Precio que debemos pagar todos y cada uno de los que valoramos nuestra relación con Dios. Los adoradores saben esto, y permiten que Dios los moldee, sabiendo que disfrutarán de la bendición divina.

 Finalmente, Dios quiere que seamos vasos limpios, lavados por la Sangre del Cordero, vasos que han sido vaciados de todo aquello que impide que le sirvamos, vasos que han pasado por un proceso de lijado que nos libere de toda impureza, vasos purificados, vasos restaurados para usos de honra.