miércoles, 10 de febrero de 2010

DEBEMOS DEJARLE A NUESTROS DESCENDIENTES UN LEGADO DE BENDICION.

Una de las más grandes manifestaciones de fe se da en el seno de las familias cristianas. Estamos seguros que bendecir al esposo, a los hijos, a la esposa, a la familia entera, es algo que Dios lo toma muy en cuenta. ¿Sabes por qué? Porque Dios quiere en Cristo "Bendecir a todas las familias de la tierra".

La palabra BENDICION, tiene en nuestro medio una amplia connotación religiosa. Muchas veces la repetimos constantemente a los hermanos solo como una expresión de una costumbre religiosa. Pero el propósito de Dios  es bendecir en Cristo a todas las familias de la tierra.
Podemos mencionar que la bendición  comienza con contacto físico entre el que bendice y el que es bendecido.  Y en su esencia más pura bendecir y ser bendecido significa aceptar y ser aceptado. Y esta es la gran necesidad de todo ser humano desde que está en el vientre de la madre. Todos queremos que nos acepten: los padres, los familiares, los maestros, los compañeros, los patrones, los amigos, en fin queremos que nos acepte todo el mundo, por lo tanto queremos ser bendecidos.

Por eso es necesario que todos los seres humanos aprendamos a bendecir. Porque al hacerlo pronunciamos palabras que de alguna manera sueltan el favor y la gracia de Dios sobre aquellos a quienes bendecimos. El padre debe bendecir a sus hijos, y lo mismo la madre. El esposo debe bendecir cada día a su esposa, y esta debe hacer lo mismo con él. Los hijos deben aprender a bendecir a sus padres. La bendición que se da y la bendición que se recibe son elementos esenciales para triunfar en la vida.

Asi como el contacto físico de los padres con los hijos es fundamental. El machismo de muchos de los hombres (principalmente en el mundo secular), les impide abrazar a sus hijos, no dejan que los varoncitos lloren cuando tienen necesidad de hacerlo; y muchos crían a sus hijos en estricta disciplina militar, como si ellos fueran generales y los muchachos fueran soldados rasos. Pero esto no debe ser así, los hijos también se alimentan del afecto físico expresado en abrazos, juegos, besos y caricias. Esto también es bendición.

La autoestima positiva, de la que ya hemos hablado bastante, viene sobre nuestros hijos cuando nosotros los padres le damos el estímulo, el reconocimiento y el valor que merecen por el simple hecho de ser nuestros hijos.   Una familia bendita es una familia que sabe bendecir. Se bendice ella misma y asimismo bendice a los de afuera. Los padres que bendicen no se limitan a expresar deseos, sueños y planes para un futuro lejano, sino que trabajan al lado de sus hijos instruyéndolos, disciplinándolos y creando en ellos el carácter y el destino final que se declaró en la bendición.

Dios cree en la bendición que pronuncia un padre. El también es Padre. Como Padre, un día bendijo a su Hijo con estas palabras: " Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia, a El oíd". 2a. Pedro 1:17

Pero es importante pronunciar las palabras. Estas se originan en el corazón y toman forma en el cerebro. Las trasmitimos a nuestros hijos, quienes al recibirlas las convertirán en actos, en hechos. Cuando esos hechos se repiten a lo largo de la vida, se convierten en hábitos. Los hábitos en conjunto producen el carácter de la persona. Y un carácter bien encaminado, semejante al carácter mismo de Jesús, produce el destino de una vida bendita.
Por eso bendecir es decir lo bueno de alguien.  Tenemos que comenzar a ver lo bueno que hay en cada persona y pronunciarlo. Si así lo hicieremos  te imaginas lo que pasaría en el mundo, en las naciones, en las ciudades, en las iglesias, en las escuelas, en los gobiernos, en las corporaciones y empresas, si comenzaramos por decir lo bueno de la gente, a bendecirlas. Asi como nos tomaramos un momento y decidiéramos empezar desde nuestras familias, bendiciendo a los padres, madres, hijos (a), abuelos (a), suegros (a), hermanos (a), nietos (a), etc. y nos bendijeramos unos a otros. Por eso Dios nos dice:

" Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas". Deuteronomio 6: 6-9.

Para conclusión Dios nos manda a obedecer su palabra en Romanos 12: 14  " Bendecid y no maldigáis".

1 comentario:

Marener dijo...

es asì mi hermana, hay que bendecir siempre aunque pensemos algo, hablar siempre con palabras de bendiciòn
saludos